“Exquistos dulces de calidad”

Máxima calidad provincial y regional

Nuestra selecta producción de dulces artesanales representa la huella de cuatro generaciones de reposteros. Somos un símbolo de tradición en El Barco de Ávila, y eso lo han querido reflejar en este reportaje de Ávila Auténtica.

Con los años, nuestra marca se ha convertido en un sello de calidad de productos típicos de la zona como las perunillas, los mantecados o las empanadas, que hacen las delicias de los paladares más selectos.

Sacar adelante un negocio familiar no es nada sencillo, lucho cada día por mantener un producto tradicional alejado del uso de los ingredientes industriales que cada vez más fábricas utilizan en la elaboración de productos de repostería.

Este  es el obrador que construyó mi padre hace 40 años, pero la tradición artesana de reposteros ha llegado hasta mi, cuatro generaciones después de comenzar esta andadura. En este taller de sabores, de masas y de oficio, donde antaño estuvo un horno de leña, hoy me rodeo de las máquinas más modernas.

El negocio panadero lo inició mi bisabuelo materno en la localidad salmantina de Puente del Congosto, de la que era natural. Lo continuó mi abuela, Amalia Antona, casada con un vecino de Salamanca, mi abuelo Joaquín, que se dedicaba al estraperlo entre los valles del Jerte, del Corneja y el Amblés. El Ventorro Perdiguero fue su ‘base logística’ en El Barco de Ávila y allí se quedó. Bernardino Hernández, mi padre, abrió en los años 70 las actuales instalaciones, muy cerca del puente románico y de la ermita del Cristo, de donde toman el nombre nuestros productos tradicionales.